Warnken: “Sé tú quien eres”… ok, pero…

Cristian WarnkenAlgo de “polémica 2.0″ ha generado la columna publicada ayer en El Mercurio por Cristián Warnken que copio a continuación.

Personalmente la encuentro fantástica y aplaudo todo lo que en ella dice (por algo la dejo colgada acá). Sin embargo, creo que sería de buena educación que, en alguna otra ocasión, destacara los buenos usos de esas herramientas que él llama “navajas”. No todos quienes hacemos uso de ellas somos “monos… con navaja”… entiendo y aplaudo su hastío por la masa de cibernautas que no hacen más que descalificar y atacar sin ni siquiera leer lo que están descalificando y atacando (experiencia me sobra en el blog de La Tercera) y que, en ningún momento, hacen un aporte. En ellos no hay otra cosa que un odio que va creciendo en virtud de su anonimato beligerante, impune y cobarde.

Sin embargo, existe otra masa de “navegantes” que – me incluyo desfachatadamente – diariamente usamos estas herramientas para acercarnos a nuestros alumnos, colegas, maestros y amigos. Somos quienes entendemos que el único contacto con alumnos, colegas, maestros y amigos no puede ser por este medio, pero la distancia geográfica, la escasez de tiempo y otras razones lo exigen en momentos puntuales. Sería enfermizo “conocer” a tus alumnos sólo por esta vía… pero es innegable la riqueza que genera complementar un largo y conversado café con un link a lecturas de interés para un determinado estudiante.

Es un tema largo, complejo y que efectivamente sería fantástico discutir en más de 140 caracteres como le gustaría a Warnken y a todo el resto de la humanidad normal. Simplemente hago hincapié en que las herramientas 2.0 son como los barcos que, en determinada época, se ocupan para “navegar”… pueden abordarlos piratas de la peor calaña como también caballeros dispuestos a descubrir nuevos mundos.

Va la columna:

Me entero por azar de que alguien, usando mi nombre, “twittea” mensajes —supuestamente míos— en internet. Creo que hasta he opinado —en realidad lo ha hecho mi falso otro yo— sobre el conflicto con Perú, la baja del dólar y qué sé yo… El Twitter parece ser el paraíso de los opinólogos, y ahora lo es de los usurpadores de identidad. Hasta hace poco no sabía lo que era “twittear” y el verbo me ha parecido siempre una de esas siutiquerías en spanglish que abundan hoy entre los “hiperconectados”, los esclavos de Blackberry, los adictos de Facebook y otras yerbas.

Dos fenómenos aparentemente opuestos coexisten hoy en la red: un narcisismo exhibicionista desatado, por un lado, y un travestismo de identidades, por otro. En realidad, intuyo que son dos caras de una misma moneda.

Pero ése es tema para otra columna. Por ahora me centraré en esa subespecie de los travestis virtuales: los que usurpan una identidad o se refugian bajo un nombre falso, y practican el deporte de atacar y enlodar a otros impunemente. Son tiempos de cobardía, de no dar la cara, de espadachines de debates virtuales que, en la realidad, serían incapaces de discutir frente a frente con otro.

Nuestros tatarabuelos resolvían sus diferencias en duelos cuerpo a cuerpo. Hoy, muchos se dan “tunazos” en encendidos blogs, pero jamás se atreverían a pegar o recibir un buen combo, como en los viejos tiempos. Hay algo psicopático y esquizofrénico en todo esto. Alumnos —escudados en el anonimato o bajo falsas identidades— linchan públicamente a un profesor o a un compañero. Esto no es el “ágora” virtual, como algunos eufóricos del cibermundo han querido sugerir. Por favor, no ofendamos a los griegos, que sí supieron dialogar, con altura y estilo, al aire libre, en los jardines de la academia. Esto es la orgía de ociosos que se lo pasan pegados al computador, falsos héroes de guerras de mentira. Es la gran escuela de la cobardía, de la falta de virilidad.

De estas prácticas se están alimentando las nuevas generaciones: en no dar la cara, en no arriesgarse al intercambio directo, con voz, cuerpo, presencia, réplica y contrarréplica mirándose a los ojos. ¿Qué engendros saldrán de esta sopa de tecnología y cobardía? Bienvenidos al gran Carnaval 2.0, donde bajo máscaras de todo tipo muchos anónimos se sienten controlando el mundo con un zapping y un mouse, como en el circo romano.

Estamos ante un nuevo tipo de terrorismo virtual diseminado, una red de pequeños Bin Laden dispuestos a disparar a quemarropa, sin dios ni ley. Pero sin riesgo personal alguno. No estoy diciendo que internet y todos sus derivados sean malos ni buenos en sí mismos. El tema es quién los usa. No son lo mismo Oscar Wilde o la Madre Teresa de Calcuta opinando, que cualquier ocioso e incontinente verbal manejando estos nuevos medios de comunicación. Ése es el problema de fondo: hemos llegado al máximo desarrollo y disponibilidad de tecnología, pero sin un desarrollo espiritual y cultural acordes. Hoy tenemos circulando libremente a una legión de monos con navaja. Y las navajas son Facebook, Twitter y los blogs —estos últimos, extraordinarios medios de comunicación: he aprendido mucho de nuestros lectores leyendo sus opiniones.

En los blogs a veces asistimos a conversaciones enriquecedoras y estimulantes (un verdadero caleidoscopio de puntos de vista), pero que terminan siendo arruinadas por resentidos de todo tipo, psicópatas, hackers y toda una fauna más bizarra que la corte de los milagros. El imperativo “Sé quien eres” fue formulado por Píndaro, el gran poeta griego, hace más de dos mil años. ¿No nos estaremos volviendo adictos a hablar desde las sombras, donde no llega la luz, como niños mentirosos y sin voluntad de ser lo que somos de verdad? Leo que los “twitteros” están eligiendo en estos días al “rey” o “reina” del Twitter. Lo único que faltaría es que mi usurpador me presente de candidato.

Vía El Mercurio

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3 Responses to “Warnken: “Sé tú quien eres”… ok, pero…”

  1. Excelente la figura del barco estimado, a la que permito agregar que los navegantes, incluso, a veces pueden convertir el barco en avión, cohete o inventar una nueva forma de transporte… sólo la idea vale la pena.
    Saludos.

  2. Hay un grupillo de gente, que no le ha ganado a nadie, que siente que Twitter es suyo y de nadie más y se llenan la boca con “libertad de contenidos y expresión”.
    Es claro para ellos, pues de no existir esta Web 2.0 sus contenidos no tendrían cabida en ningún lado pues sus CONTENIDOS no valen la pena.
    Antes, una opinión publicada era una opinión que valía la pena ser mostrada, hoy cualquier niño puede decir lo que quiera, sin filtro, y lo que es peor, sin ningún contenido.

  3. Me pareció excelente la columna de Warnken. “Esclavos de Blackberry, los adictos de Facebook y otras yerbas” sabemos que hay muchos. Estamos de acuerdo, la conclusión siempre es que estos medios son herramientas que al ser bien utilizadas son muy eficientes y enriquecedoras. Pero sumando y restando sus frutos, ¿el saldo será positivo o negativo? Quienes son más, los que aprenden discutiendo en blogs, recomiendan lecturas en twitter y agrupan gente en facebook por alguna causa noble (racional o de buen gusto, por lo menos), o quienes pasan horas escondiendo la cara para lanzar cualquier tipo de mugre, y se han vuelto adictos al mundo de las fotos, de las imágenes (muchas veces pseudopornográficas) y de las apariencias y se han blindado para ver más allá de eso. Tal vez la respuesta a lo anterior no sea alentadora, pero la realidad es que esos medios 2.0 existen y no van a dejar de estar ahí, así que hay que aprender a utilizarlos y tratar de subir eso de nivel intelectual, cultural, racional, humano.